En algún lugar debe haber un basural  donde están
amontonadas las explicaciones. Una sola cosa inquieta
en este justo panorama: lo que pueda ocurrir el día
en que alguien consiga explicar también el basural.

—Julio Cortázar, “Destino de las explicaciones”

Hay problemas de políticas públicas que emergen cíclicamente. Su persistencia motiva narrativas críticas acerca de la ineptitud, corrupción, maldad o desinterés por parte de quienes tendrían la obligación y los medios para resolverlos. Pero la verdad es que, mientras su recurrencia no ponga en riesgo las reglas del juego, puede decirse que dichos problemas se administran con mayor o menor eficacia. El concurso de selección para ingresar a la licenciatura de la UNAM ha sido, hasta algunas semanas, un problema recurrente que la universidad más importante del país ha sabido gestionar con éxito relativo.

El concurso de selección lo realiza la UNAM dos veces al año para las y los aspirantes que provienen de bachilleratos distintos a los que ofrece la propia institución. Quienes han concluido sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) o el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) acceden a través del Pase Reglamentado. Actualmente la proporción del primer ingreso entre ambas vías de acceso ronda el 50 por ciento cada una, es decir, de cada dos personas que logran inscribirse a alguna licenciatura, una llega por examen y otra por pase. Entre quienes presentan el examen de selección, en cambio, el rechazo ha sido históricamente de poco más de 90 por ciento, es decir de 10 que presentaron el examen sólo 1 entra, con promedios de aceptación aún más bajos en carreras de alta demanda.

Esa asimetría estructural entre oferta y demanda, pese a que la UNAM ha incrementado su matrícula en 55.7% en las últimas dos décadas, sigue sin resolverse (DGCS, 2023). Año tras año, y tras conocerse los resultados de la prueba de selección, invariablemente surgen protestas, notas periodísticas y un nutrido repertorio de explicaciones que termina coagulando en la institucionalización del resultado: el reclamo de que la UNAM invierta aún más en ampliar su matrícula o, en su defecto, que el Estado multiplique las opciones de educación superior de calidad capaces de atraer a quienes hoy sólo aspiran a la máxima casa de estudios; el Pase Reglamentado ha sido señalado por unos como privilegio injustificado y defendido por otros como parte de un derecho. Es de destacar que, en ese reparto de culpas, la mayor parte de las críticas se concentra en la UNAM y muy pocas apuntan hacia la falta de compromiso de las autoridades federales por incrementar las opciones educativas de calidad en este nivel.

Considero que vale la pena detenerse en la dinámica de ese ciclo, porque suele explicarse mal. Primero que nada, no se trata de un proceso irracional o caótico. Hace más de cinco décadas, Cohen, March y Olsen (1972) describieron a las universidades como “anarquías organizadas”, instituciones donde problemas, soluciones, actores y oportunidades de decisión no se acoplan de manera secuencial, sino que circulan de forma casi azarosa, combinándose en lo que llamaron “modelo del bote de basura”. El modelo describe bien los procesos decisionales, reconociendo la ausencia de una secuencia lineal entre el reconocimiento del problema y su resolución, si bien éste no fue pensado para explicar la dimensión política del fenómeno, lo que aquí nos interesa. Lo distintivo del ciclo del examen de admisión no es que las explicaciones se acumulen sin resolverse, algo característico de los problemas complejos, sino lo que dicha acumulación nos dice acerca del sostenimiento del orden existente. Desde la óptica de quienes administran problemas públicos con altos niveles de conflictividad latente, el escenario óptimo sería que no hubiera protesta o crítica alguna; el escenario subóptimo, pero perfectamente tolerable, es que las haya, siempre que no tengan consecuencias. En nuestro caso, el ciclo del examen de la UNAM ha logrado, año con año, ritualizar el conflicto, con sus manifestaciones, desplegados, columnas de opinión, mesas de análisis, etcétera, sin que ese circuito trastoque significativamente el statu quo, es decir, las formas de administración del acceso a la educación superior en un marco de desigualdad estructural.

En nuestro basural de explicaciones se apila una gran cantidad de narrativas disímiles sobre el problema, sin que ellas nos permitan analizar la experiencia del agravio que atraviesa y se acumula, generación tras generación, en miles de jóvenes que ven frustradas sus expectativas de movilidad en este ciclo de la exclusión. Pero la pregunta que aquí interesa es otra. Este cúmulo contradictorio e irresuelto no es el mecanismo que explica por qué el sistema sigue funcionando, sino el síntoma de una pregunta incómoda que la propia acumulación deja sin responder: si ahí están, en teoría, todos los elementos estructurales para que el conflicto estalle (la escasez extrema, la desigualdad visible, el agravio acumulado), ¿por qué no estalla?

Dicho de otro modo, el basural desplaza la conflictividad latente en una suerte de fuga hacia adelante. Mientras las explicaciones sigan circulando, el agravio no necesita expresarse directamente, porque siempre hay una narrativa a la mano que lo traduce en términos manejables (mérito, financiamiento, cobertura, reforma pendiente, etc.).

Esta interrogante tiene un correlato reciente en el así llamado “Movimiento de las Cucarachas” (Cockroach Janta Party), en la India. En mayo de 2026 se filtraron las respuestas del examen nacional de admisión a Medicina, el NEET-UG, presentado por dos millones de aspirantes, lo que obligó a repetir la prueba semanas después. India ya había padecido irregularidades similares sin mayores consecuencias políticas. Lo que esta vez rompió el ritual fue una combinación específica de factores, en particular, una escala descomunal de dos millones de aspirantes, una consecuencia irreversible y moralmente inapelable (más de veinte estudiantes se quitaron la vida en medio de la desconfianza generalizada) y un significante identitario que permitió que el descontento disperso se condensara en un sujeto colectivo reconocible. 

El movimiento tomó su nombre después de que el magistrado Surya Kant comparara a los jóvenes con “cucarachas” y “parásitos”, lo que llevó a la reapropiación del término como símbolo de protesta. Esa combinación bastó para transformar semanas de marchas en una demanda única, nombrada y con blanco identificable: la renuncia del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, que en efecto ocurrió a finales de julio, junto con el anuncio de una reforma que castiga el fraude en exámenes oficiales con hasta diez años de cárcel (León, 2026). Por sus características, el movimiento de las Cucarachas terminó por fracturar la capacidad del sistema para seguir desplazando el agravio acumulado.

Obviamente, lo que sucede en la India, al igual que en otras latitudes donde se administra la desigualdad educativa a través de exámenes de ingreso (Ordorika, 2026), no puede convertirse en fórmula o modelo de interpretación y análisis: la combinación entre escala, irreversibilidad y simbolismo no es una receta. Pero sí nos permite aventurar algunas interrogantes sobre por qué el agravio acumulado en nuestro sistema educativo no ha encontrado todavía vías para trascender la protesta ritual.

En primer lugar, el contraste permite formular con más precisión si el examen UNAM 2026 contiene características equivalentes o rasgos que nos permitan inferir la existencia de una crisis institucional que vaya más allá de los mecanismos de selección de aspirantes. La novedad de esta edición ya es conocida: por primera vez el examen se aplicó en línea, bajo un sistema de vigilancia basado en inteligencia artificial administrado por la empresa privada Territorium Life. Posteriormente, los resultados revelaron un corrimiento hacia la derecha en la curva de aciertos, es decir, un desplazamiento generalizado hacia puntajes más altos, junto con un incremento estadísticamente sospechoso de calificaciones perfectas o cuasiperfectas, y evidencias de trampa aún no hechas públicas que llevaron a las autoridades a convocar a examen de control a sólo una tercera parte del padrón de aspirantes. Es un indicio serio de que el instrumento mismo de selección, el que da legitimidad técnica y aparente neutralidad a todo el sistema, ha perdido al menos parcialmente su capacidad de arbitrar con credibilidad quién entra y quién no. Pero, a diferencia del caso indio, no hay todavía una escala comparable, ni una consecuencia irreversible que abrume moralmente el debate, ni un símbolo capaz de aglutinar la indignación dispersa en un sujeto colectivo con nombre propio.

Lo que sí existe es una acumulación simultánea de frentes que, sin ser inéditos por separado, comparten un efecto de retroalimentación. Ahí están la precariedad laboral de buena parte de la planta docente, contratada por asignatura y sin condiciones dignas; los casos de violencia de género en distintos planteles y facultades; los episodios de violencia dentro de los bachilleratos de la propia universidad; el caso, todavía no resuelto institucionalmente, del plagio académico de la ministra Yasmín Esquivel, egresada de la UNAM; un problema de gobernabilidad que se ha agravado en los últimos años, con numerosas facultades y escuelas entrando en paro de manera recurrente; y, atravesando todo lo anterior, la percepción cada vez menos marginal de corrupción en la Universidad y la ausencia de una reforma de fondo que actualice sus mecanismos de gobierno y rendición de cuentas. 

Cada uno de estos frentes, por sí solo, es absorbible dentro del repertorio ritual de siempre. La pregunta que de verdad importa es si su dispersión es precisamente lo que impide que el agravio acumulado encuentre un canal único de expresión, porque ningún frente por separado alcanza la escala, la irreversibilidad o el poder simbólico que sí se conjugaron en India, o si más bien estamos en la antesala del momento en que la conflictividad latente, todavía sin canal, siga creciendo bajo la superficie ritualizada del ciclo.

Cortázar imaginaba con inquietud que alguien lograra, algún día, explicar el basural mismo, es decir, por qué seguimos generando explicaciones sin que nada se resuelva. Mientras el problema del examen de la UNAM pudo administrarse con el repertorio de siempre, las reglas del juego permanecieron intactas porque el conflicto permaneció ritualizado y el agravio, desplazado. 

Lo que la edición 2026 ha hecho visible es que ese repertorio, por sí solo, ya no es suficiente para sostener el desplazamiento, aunque todavía no sabemos si el agravio acumulado encontrará el canal que le falta para desbordar el problema de la selectividad y, finalmente, se precipitará hacia algo distinto. En esta incertidumbre es que juega la pregunta del título, a saber: si el examen de 2026 es otra vuelta del ciclo de exclusión o, en todo caso, la antesala o el indicador de una crisis institucional de mayor alcance.

Referencias

Cohen, Michael D, James G. March y Johan P. Olsen, (1972), “A garbage can model of organizational choice”, Administrative Science Quarterly, 17(1), 1-25, https://doi.org/10.2307/2392088,  consultado el 19 de agosto, 2026.

Cortázar, Julio (2016), “Destino de las explicaciones”, Un tal Lucas, México, Alfaguara. Publicada originalmente en 1979.

Dirección General de Comunicación Social, UNAM, (2023), “Crecimiento sostenido de la matrícula estudiantil de la UNAM; 55.7 por ciento en tan solo dos décadas”, Boletín UNAM-DGCS-604, 9 de agosto, https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2023_604.html, consultado el 15 de agosto, 2026.

León, Rodrigo (2026), “La revolución de las Cucarachas: el movimiento que tiene en jaque al Gobierno de India”, El Dínamo, 21 de julio, https://www.eldinamo.cl/mundo/2026/07/21/la-revolucion-de-las-cucarachas-el-movimiento-que-tiene-en-jaque-al-gobierno-de-india/, consultado el 16 de agosto, 2026.

Ordorika, Imanol (2026), “UNAM: nombrar el fraude y enfrentarlo”, La Jornada, 23 de julio, https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/07/23/opinion/unam-nombrar-el-fraude-y-enfrentarlo, consultado el 16 de agosto, 2026.

Citación en estilo IISUE:
González Ledesma, Miguel Alejandro (2026), “El basural de las explicaciones: ¿ciclo de exclusión o antesala de una crisis institucional?”, Dossier Proceso de admisión a la UNAM 2026, Observatorio de Políticas Educativas IISUE-UNAM, https://doi.org/10.22201/iisue.001r.2026

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